La Taberna de Arias era un lugar de encuentro ,
allá se acercaban visitantes de otras poblaciones
cercanas, lugareños y forasteros, que amenizaban
con sus conversaciones la mañana.
El establecimiento, disponía de bar, con varias
mesas y sillas de madera típicas de tabernas, y
una terraza donde por las noches podrías disfrutar
de la tranquilidad y el fresquito bajo un cielo
negro cargado de estrellas.
Manuel Arias, como así se llama el tabernero más
popular de Perrunal, abrió este local el día 28 de
octubre de 1958, junto con su hermano Juan.
En un primer momento pensó en poner una tienda de
comestible, creía que este negocio lo compaginara
mejor con su trabajo en la Mina, y así, podría
tener siempre los sábados por la tarde y los
domingos y festivos libres.
Su hermano Juan, pensando en ello, enseguida se
dio cuenta que la tienda de comestible sería un
gran error, y que la naturalidad de su hermano, su
simpatía y su talento social, se desenvolvería con
gran soltura en una taberna, ya que este conjunto
de cualidades lo había llevado a la práctica con
éxito, cuando regentó durante 12 años el Casino
Minero.

Sociable, comunicativo, abierto, amable, cordial,
accesible, agradable, simpático. Son muchos los
rasgos que hemos podido apreciar y disfrutar en la
persona de Manuel Arias, pero los taberneros
trabajan para eso, para que los ratos en la
Taberna sean especiales, y que puedas sentir y
recordar el buen ambiente que hicieron famoso al
dueño y a esta Taberna durante más de 40 años.
Es decir, tenía unos de los mejores vinos blanco
de la tierra, la cerveza Cruz Campo bien
fresquita, que es la estrella del sur, y como no,
el mejor aguardiente de fabricación artesanal de
Zalamea la Real, entre otros licores y refrescos.
La gastronomía representa la cultura de un pueblo,
y esta influencia fue un recurso natural de este
lugar, pues tanto Manuel Arias, detrás de la
barra, como su esposa Bartolina Sánchez, en la
cocina, dio una importancia popular a sus
exquisitas tapas: Papas con alioli y mucho ajo,
hígado y tomates aliñados, y el típico plato
veraniego de la cocina española; la ensaladilla
rusa, todo ello se tomaba como una ración u
ofrecida como una tapa.
Pero llegó la hora de su jubilación, pues a sus 80
años, éste popular perrunalero todavía hacía
frente a su local en el año 2004, no siempre fue
una tarea fácil, pero siempre reunió las mismos
requisitos; naturalidad, simpatía y talento
social.